En esta solemnidad de María, madre de Dios, ¡manos a la obra!

El primero de enero celebramos la solemnidad de María, Madre de Dios.  El Concilio de Éfeso le atribuyó ese título a María (Theotokos en griego) en el año 431. De esa manera, el concilio subrayó una verdad sencilla y profunda: Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús es Dios encarnado, pues como todo ser humano nació de una mujer; en su caso, de María.

Fuga in Egitto, o Huida a Egipto, de Giotto (1303 a 1305). Fotografía de José Luiz Bernardes Ribeiro, CC BY-SA 4.0.
Fuga in Egitto, o Huida a Egipto, de Giotto (1303 a 1305). Fotografía de José Luiz Bernardes Ribeiro, CC BY-SA 4.0.

Jesús es uno de nosotros, y como muchos sabe lo que es tener mamá. Aunque pienso que a veces en la Iglesia idealizamos a madres y padres de familia (ni los santos son perfectos), es fácil pensar que a Jesús le era difícil decirle que no a María (Juan 2: 3-5), y no solo porque era su madre. Al reflexionar por todo lo que atravesó María (desde su huida a Egipto como refugiada hasta su presencia al pie de la Cruz), no puedo imaginarla mas que como una mujer fuerte, comprometida con la realidad, y eso tuvo que haber impactado a Jesús.  Como refleja el papa Francisco, “Con María, el Niño-Dios aprendió a escuchar los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo de la promesa. Con ella se descubrió a sí mismo Hijo del santo Pueblo fiel de Dios”. Ese santo Pueblo sigue anhelando, caminando y luchando junto a Jesús.

Este domingo pasado en mi parroquia cantamos “Santa María del Camino”, del compositor Juan A. Espinosa, para iniciar nuestra celebración de la misa. Fue un momento conmovedor porque después de cerrar un año tan difícil, el Pueblo de Dios en esa parroquia recordó que María, madre de Dios, aún camina junto a nosotros. Así, cantamos:

Aunque te digan algunos
que nada puede cambiar,
lucha por un mundo nuevo,
lucha por la verdad.

Por más que nos cueste trabajo a muchos, la realidad es que el año pasado el pueblo estadounidense eligió como presidente a un hombre que parece desconocer la dignidad de las mujeres y los inmigrantes—especialmente de aquellos que son mexicanos. Esa decisión reflejó las fuertes divisiones de corte político, económico, y social que existen en nuestro país.

¿Qué sigue ahora?. Mons. Daniel Flores, obispo de Brownsville, Texas, nos recordó antes de las elecciones que nuestras acciones como ciudadanos no se limitan al voto. Quienes votaran por la Secretaria Clinton debían comprometerse a luchar en contra de políticas que facilitaran el aborto si ella llegase a la presidencia. Quienes votaran por el Sr. Trump debían comprometerse a luchar en contra de políticas que facilitaran la deportación masiva si él llegase a la presidencia. ¿La razón? De alguna manera u otra, ambas opciones atentaban contra el derecho a la vida y por lo tanto lo hacían también contra la dignidad humana.

Como ciudadanos no solo somos responsables de nuestra decisión al momento de votar. También debemos tomar responsabilidad de las consecuencias de nuestro voto. Pues bien, hemos elegido al Sr. Trump. A aquellos católicos que votaron por el Sr. Trump, ¡manos a la obra!, bienvenidos a esta difícil labor. Con Jesús y María, esto puede cambiar.

¡Feliz año nuevo desde San Antonio!.

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