A mi Dios le importan los corazones, no las entrepiernas

A mi Dios le importan los corazones, no las entrepiernas.

by John Shore

 por John Shore

John, ¿por qué escribes tanto acerca de los gays en tu blog? Con todas las cosas que suceden en el mundo, ¿por qué pasas tanto tiempo obsesionándote con ésa cuestión?

Eso es parte de un email que recibí recientemente.

No es la primera vez que me hacen esa pregunta. Así que aquí está la info en ese tema en particular:

De los más de 1000 artículos que he escrito en mi blog en los últimos tres a cuatro años, quizás 25 sean sobre la relación entre los gays y el cristianismo. Si eso es una obsesión, yo soy Lady Gaga vestida con carne (mmm… Gaga-bacon… delicioso)

Hablando en general, la razón por la quue escribo sobre los gays y el cristianismo es porque la iglesia de Jesús en la tierra está al borde de su segunda gran y terrible reforma. Se trata de esta única cuestión. Estoy sorprendido de que alguna vez escriba sobre otra cosa.

Personalmente, mis amigos son la razón por la que me importa tanto esta cuestión.

Mi padre es un hombre heterosexual. Es actor, siempre ha sido José Teatro Local. Por eso yo crecí con hombres homosexuales en mi vida. No es que de pequeño supiera o me importara lo que significara ser “gay”. Pero sabía que me caían bien casi todos los amigos actores de mi papá. Eran gente divertida. Consideraba a algunos de ellos como verdaderos amigos.

Siempre tuve amigos gays en mi vida. No amigos casuales, o conocidos: amigos reales, de los de todos los días.

Amigos que, al llevarme a la casa de sus familias, me rescataban de mi hogar intolerable. Amigos que me prestaban dinero para ir arreglándome. Compañeros de piso. Compañeros de trabajo. Compañeros de la universidad. Simplemente… gente. Amigos.

Invitas a tu vida a la gente de mayor calidad en tu vida en ese momento, no? En mi caso, a menudo se ha tratado de gente de la persuasión LGBT. Y ninguna de esas relaciones se trató nunca más de sexo que hacer experimentos de ciencia tiene que ver entre la relación entre mi buen amigo el profesor de química jubilado (heterosexual) y yo.

Esto de que los cristianos tengan un problema con la gente porque sean gays es, para mi, algo tan extraño y tan incomprensiblemente bizarro, que apenas lo registro como algo real. Es como si hubiera sido, digamos, elegido para participar en el ayuntamiento, y descubriera que por la noche, después de las reuniones del ayuntamiento, los otros miembros del congreso se juntan en una gran habitación, se desnudan y se acuestan boca arriba y cantan canciones militares lituanas mientras patean pelotas de playa.

Simplemente no logro registrarlo.

La única cosa de una persona que me importa es la calidad de su carácter. Eso. Para mí, es una cosa de una sola cuestión. Lo que me interesa es qué tan amable alguien es – qué tan abierto, inteligente, sabio, considerado. Me importa qué tan morales son.

¿Qué me importa si una persona en especial es gay o heterosexual? Me sentiría avergonzado de usar la orientación sexual de una persona como algún tipo de indicador por el cual evaluar su carácter moral. Es como tratar de usar un termómetro para comprobar qué tan rápido va un coche. Es simplemente… bueno, estúpido.

Convertirme en cristiano no ha cambiado esta verdad fundamental de mi vida ni en una iota. No voy a dar la espalda a mis amigos por la forma en quien alguien decidió alguna vez interpretar unas pocas líneas de la Biblia. Puedo leer la Biblia por mí mismo. No necesito que nadie me diga lo que dice, o significa, o significa por lo que dice. Tengo ojos. Puedo leer. Puedo hacer mi propia investigación.

Si crees que Dios, al tratar de determinar el estatus moral de una persona, mira a sus entrepierna, entonces… entonces imagino que te sonrojarás mucho. ¡No es que haya nada malo en eso! Probablemente todos deberíamos (y especialmente estos días) sonrojarnos un poco más a menudo de lo que lo hacemos.

Pero hey: lo que más le interesa a Dios de una persona no es la entrepierna. Lo que le interesa a Dios de una persona es, primero, principal y siempre, es su corazón.

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