Un día de mucha alegría: San Romero de América

Un día de mucha alegría: San Romero de América October 14, 2018

“Jesús es radical,” expresó el Papa Francisco durante su homilía esta mañana al canonizar a seis, entre ellos el Papa Pablo VI y Monseñor Oscar Romero.  “Él lo da todo y lo pide todo: da un amor total y pide un corazón indiviso… Jesús no se conforma con un porcentaje de amor: no podemos amarlo al veinte, al cincuenta o al sesenta por ciento.  O todo o nada.”

El Evangelio del joven rico que partió triste después de que Jesús le pidiera vender todos sus bienes proveyó una reflexión apropiada de la vida del nuevo santo.  “Monseñor Romero dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos.”

Hace tres años tuve la oportunidad de asistir a la beatificación de Monseñor junto con 500,000 fieles en El Salvador.  Muchos en ese país consideraban que la ceremonia simplemente confirmaba lo que ellos ya sabían: Monseñor Romero murió un mártir por amor y justicia durante tiempos de grandes injusticias.

En 1977, San Salvador dio la bienvenida a un nuevo arzobispo, Oscar Arnulfo Romero. Tres años más tarde, el arzobispo fue asesinado por una bala disparada desde el asiento trasero de un automóvil estacionado afuera de la capilla donde estaba celebrando la Misa.  Habiendo recibido numerosas amenazas de muerte, Monseñor Romero ya no permitía junto a él en el altar a otros sacerdotes o monaguillos, pues no quería que la bala dirigida a él mate equivocadamente a otro.

Durante los tiempos de Monseñor Romero, participantes de un estudio bíblico eran considerados subversivos ya que los catequistas enseñaban a los campesinos a leer y escribir. Cualquier crítica del gobierno le obtenía a uno la muerte.  Luchando contra las guerrillas presentes en El Salvador, el gobierno mató a más de 70.000 civiles inocentes, incluyendo cientos de sacerdotes, religiosas (incluyendo cuatro mujeres americanas, tres de ellas monjas) y miles de catequistas. El asesinato de su amigo, el Padre Rutilio Grande, marcó un despertar en Monseñor Romero.  La falta de investigación después del asesinato del Padre Grande causó que Monseñor Romero denuncie las injusticias cometidas por los gobernantes del país. Su deseo de defender la igualdad de todos ante Dios sin importar estatus social no fue apreciado por los poderosos.

El día antes de su martirio por odio de la fe, Monseñor Romero hizo una súplica emocional a los hombres del ejército, Guardia Nacional, la policía y los cuarteles.  En su homilía desde la catedral les dijo,  “matan a sus mismos hermanos campesinos y, ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: ‘No matar.”  Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios… Ya es tiempo de que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado.  La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día mas tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”.  La reacción fue aplauso.

Con estas palabras Romero se había pasado del límite. Para el gobierno, Romero llamaba a la insubordinación. Para Romero, él proclamaba el evangelio.  Así como Jesucristo no tenía intención de hacer política pero fue ejecutado con el cargo político de “rey de los judíos”,  Monseñor Romero, quien no tenía la intención de hacer política, fue acusado de entrar en la política mientras que él simplemente proclamaba el evangelio.

Los enemigos de Monseñor lo acusaban de seguir la teología de la liberación, sin embargo, Romero predicó la liberación que gozan los hijos de Dios, “una liberación que tiene, por encima de todo, el respeto a la dignidad de la persona, la salvación del bien común del pueblo y la trascendencia que mira ante todo a Dios y sólo de Dios deriva su esperanza y su fuerza” [de la homilía de la beatificación].

Monseñor Romero ciertamente murió como mártir y hoy lo aclamamos entre los santos en la presencia de Dios.  Fue asesinado por aquellos que no quisieron ser desafiados por el evangelio y prefirieron callarlo. Pueden haberlo callado, pero su voz profética ha perseverado y San Oscar Romero, en palabras de San Juan Pablo II, ahora “es de la iglesia”.

Frente al altar donde Mons. Romero fue asesinado

Halo solar el dia de la beatificacion de Mons. Romero al finalizar la lectura del decreto oficial

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