Homilia para Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

Homilia para Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

Esta noche, venimos con mucha fe y devoción como todos los años, a los pies de María de Guadalupe, nuestra madre.

La reconocemos como la mujer del Apocalipsis, la mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza.  Reconocemos que ella fue escogida de entre todas las mujeres para dar a luz al Hijo de Dios que ha vencido al enorme dragón, a Satanás.  Ella es verdadera reina de cada uno de nuestros corazones.

Reconocemos que ella quiso manifestarse a un alma humilde en el Tepeyac, y a través de él, de San Juan Diego, la Virgen anunció un mensaje de bendición y cercanía para todo el pueblo mexicano, y a través del pueblo mexicano, a todas las naciones.

Venimos unidos como hijos de María, reconociéndonos todos como hermanos en Cristo, todos herederos de las promesas de nuestro Dios.

Venimos como un pueblo peregrino, un pueblo en marcha.  Casi todos los que estamos aquí presentes somos inmigrantes, y nos encontramos lejos de los pueblos donde nacimos y donde crecimos.  Nuestras vidas en sí, se han convertido en una expresión del peregrinaje que es cada vida.  Todos estamos en un camino largo y arduo hacia un encuentro con el Dios vivo y verdadero.  A veces perdemos el camino, nos desviamos, pero retomamos el camino correcto.  Podemos estar lejos de nuestro lugar de origen, pero esta noche, es nuestra devoción a la Virgen María lo que nos mantiene anclados y nos marca el camino.

Venimos en días de incertidumbre.  Estamos viviendo días de mucho sufrimiento y dolor.  Niños separados de sus padres que claman con lágrimas en sus ojos.  Esposas y esposos separados de sus parejas.  Nos encontramos en un país que en muchas maneras nos ha abierto las puertas para trabajar y criar a nuestras familias lejos de la violencia y delincuencia, pero a la misma vez, un país donde existe en este momento una gran desconfianza y temor hacia el migrante, hacia el extranjero, hacia nosotros.

A pesar de todo, caminamos siempre hacia adelante como lo hicimos en la procesión, rogándole a Dios, rogándole a la Virgencita que marquen nuestro camino.  No podremos saber que traerá el día de mañana, pero lo que sí sabemos, es que lo enfrentaremos llenos de la esperanza que solo Dios nos puede brindar.  Seguimos como pueblo migrante y peregrino, un paso a la vez.

El relato de las apariciones a Juan Diego siempre indica que Juan Diego iba de madrugada a Tlatelolco a recibir sus clases de catecismo.  La madrugada es un momento donde hay luz y oscuridad, ambas presentes a la misma vez.  En la madrugada puede ser difícil mirar las cosas con claridad, ya que la luz es poca y aún se siente la presencia de la noche.  Pero, sabemos con confianza que la madrugada siempre es seguida por el día.  La luz del día siempre triunfa.

Quizás también nosotros estamos caminando de madrugada, buscando que surja la luz del sol. Añorando una esperanza, un alivio.  Venimos esta noche buscando el consuelo y fortaleza que la Virgen María prometió a Juan Diego, quien caminaba como nosotros, de madrugada, entre la luz y las tinieblas.

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, no dejes que nada te asuste ni te aflija, que no se turbe tu corazón.  No estoy aquí yo, ¿que soy tu madre?

Estamos reunidos en la noche, pero aquí en nuestra parroquia encontramos la luz que nunca acaba. Estamos aquí reunidos en el frio, pero aquí, sentimos el calor humano que nos cobija y recibe; recibimos la presencia divina de nuestro Dios que viene a nosotros.

Todo quien es hijo de Dios Padre por medio del bautismo, se convierte también en hijo de la Virgen María.  La aclamamos como gran Señora, porque reconocemos que Dios la ha colmado de gracia sobre gracia.

¿Cómo estamos llamados a dar testimonio a la luz de Dios en nuestras vidas?  ¿Cuántas veces nos convertimos en instrumentos de las tinieblas a través de nuestro pecado, nuestra indiferencia, nuestra falta de amor y falta de cercanía a Dios y su iglesia?  Al final de nuestro peregrinaje en esta vida, tendremos un encuentro con Dios y él nos pedirá cuentas de como vivimos nuestras vidas.

Cristo nos llama a que lo sigamos, que caminemos fielmente detrás de él, así como caminamos detrás de su madre en la procesión.  Cuando nos perdemos, solo basta mirar hacia arriba y encontrar la luz.  Cuando estamos en las tinieblas y no sabemos para donde ir, solo basta acercarnos para que Dios nos dé la bienvenida.

A través de la Virgen María, Dios ha hecho su hogar entre nosotros y permanece siempre cercano.  No tenemos que ir lejos para encontrar su misericordia y cercanía.  No tenemos que ir hasta el Tepeyac para encontrarlo – aquí mismo está, entre nosotros.

Homily for the Feast of Our Lady of Guadalupe

"Migrants and refugees - they are ambassadors of the Good News. They arrive with enthusiasm, ..."

I came from a third world, ..."
"I think of them often whenever people go on anti-immigrant rants. Thanks for sharing your ..."

I came from a third world, ..."
"Thank you for mentioning the immigrant workers who died on that Baltimore bridge. I think ..."

I came from a third world, ..."
"When I was hungry, you gave me to eat says the Lord. At the Golden ..."

| Father Pablo Migone

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