El evangelio entre cambios culturales

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Durante las últimas décadas la sociedad ha sufrido cambios culturales significativos que han transformado considerablemente sus funciones, afectando la práctica de nuestra fe católica. Durante la convocatoria de líderes católicos en Orlando a principios de julio, el Doctor Hoffsman Ospino de Boston College identificó cuatro de estos cambios, dando abundante peso a las palabras del Papa Francisco que “esta no es una época de cambios, sino un cambio de época”.

La vida familiar ha visto reconfiguraciones enormes en términos de roles y prácticas. Las primeras líneas de la exhortación del Papa Juan Pablo II sobre la familia escrita en 1981 ya reconoce estos cambios, “la familia en el mundo moderno ha sufrido…la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura. [Algunas familias] se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar” (Familiaris Consortio, 1).  Cambios dentro de esta unidad más básica de la sociedad han causado alteraciones sísmicas en la sociedad moderna.

La experiencia de vida comunitaria ha sido enormemente erosionada y sustituida por un instinto más individualista. El enfoque en el individuo hace el abogar por otros innecesario y la oración comunitaria no esencial. A pesar de que Dios ha elegido convocarnos como pueblo y no como seres aislados (Evangelii Gaudium, 113), sólo un tercio de los católicos asisten a la Misa dominical. La centralidad de la oración comunitaria se ha disminuido.

Las divisiones que han surgido por conflictos culturales han hecho que el diálogo respetuoso sea casi imposible. El Papa Francisco constantemente nos llama al diálogo donde vamos al encuentro de los demás aunque no estemos de acuerdo con sus ideas. El respeto y el diálogo parecen haber desaparecido, basta con mirar cualquier discusión en el internet. Parece ser imposible estar en desacuerdo con otra persona y a la vez ser cortés.  Lamentablemente esto es cierto no sólo en la política, sino también en las familias y la iglesia.

La secularización en general presenta otro cambio cultural en el mundo moderno. En 1991, sólo el tres por ciento de las personas que vivían en los Estados Unidos no se identificaban con alguna afiliación religiosa. Este año, el porcentaje es el 25%. El Profesor Hoffsman Ospino señala que la tendencia es clara: la religión organizada está perdiendo su centralidad y los jóvenes la están abandonando en masa. Con razón Hoffsman Ospino se pregunta, “¿dónde está nuestra indignación?

El mismo profesor provee esperanza y dirección en medio de estos cambios culturales citando al Papa Francisco, “ya no nos sirve una simple administración.  Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un estado permanente de misión” (EG, 25). Continúa sosteniendo que vivimos hoy en un momento crítico de la historia donde algo está terminando, y algo nuevo está surgiendo. No hay necesidad de regresar a un pasado idealizado, sino más bien prepararnos para algo nuevo ya que Jesús hace todo nuevo. El Papa Francisco ha descrito acertadamente nuestros tiempos no como una época de cambios, sino como un cambio de época.  Esto requiere discípulos misioneros audaces que presenten el evangelio a un mundo que lo considera irrelevante. Hay mucho trabajo por delante, pero el Cardenal Donald Wuerl nos anima a compartir el evangelio con valentía, compasión y alegría ya que tenemos gran confianza en el mensaje que compartimos.

Picture is mine, all rights reserved.  The Oculus, New York City, 2017

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