Los Padres: los primeros maestros de la fe

Los Padres: los primeros maestros de la fe August 6, 2022

Cuando un niño es presentado por sus padres y padrinos para ser bautizado, el sacerdote o diácono hace esta pregunta a los padres del niño: “Ustedes, padres, que piden el bautismo para su hijo, deben darse cuenta de que contraen la obligación de educarlo en la fe, para que, guardando los mandamientos divinos, ame a Dios y a su prójimo, como Cristo nos enseñó.  ¿Se dan ustedes cuenta de la obligación que contraen?  Los padres sin duda siempre responden obedientemente con un fuerte, “sí”.

El bautismo de un bebé es un momento crucial y lleno de gracia en la vida de la familia del pequeño, en particular para sus padres. Es un momento de compromiso con Cristo y su Iglesia. Es una oportunidad para que los padres reconozcan su papel principal en la educación religiosa de sus hijos y su papel esencial en su bienestar espiritual de por vida.

Hace unos años leí un libro titulado Una Renovación Divina escrito por el Padre James Mallon de Nueva Escocia, Canadá. Mallon revela que en cierto momento de su ministerio sacerdotal se cansó de facilitar el perjurio. Explica que demasiadas veces hizo la pregunta antes mencionada a padres durante bautismos y estos respondían correctamente, pero sabía que los padres no tenían la intención de cumplir con su compromiso. Se preocupó hasta el punto de renovar los programas de preparación sacramental de su parroquia. Antes de que cualquier niño pudiera recibir un sacramento, se les involucraba a los padres primero para que se convirtieran en católicos practicantes. Esto no solo aseguró que los padres fueran feligreses activos, pero aun mas importante según el Padre Mallon, que la pareja ya no cometiera el perjurio en el bautismo de su hijo prometiendo hacer algo que no iban a llevar a cabo.

Mi experiencia como párroco me ha demostrado que la mayor parte del tiempo unjo y visito en el hospital a católicos moribundos que no conozco porque no participan en ninguna parroquia. Bautizo a niños de padres que rara vez asisten a Misa, y menos de la mitad de los jóvenes que se preparan para la Primera Comunión y la Confirmación asisten regularmente a la Misa dominical. Falta algo muy grande y esencial. Jesús nos enseñó que quien come su cuerpo y bebe su sangre tiene vida eterna. Como católicos, o creemos esto o no lo creemos. Jesús no quiere una fe tibia: si le creemos, haremos todo lo posible para asistir a la Misa dominical y transmitir la fe a nuestros hijos. La asistencia a Misa en familia es una parte integral de nuestra fe. Sin embargo, la experiencia demuestra que esto no sucede.

Mi primer párroco después de mi ordenación, Monseñor Fred Nijem, reflexionaba con los padres de familia que no tendría sentido llevar a su hijo a todas las prácticas de béisbol si nunca lo llevan a jugar. ¿Por qué practicar para algo en lo que nunca participas? Nadie le da a un niño un folleto con las reglas del fútbol para que el niño se enamore del juego, uno lo lleva al estadio Mercedes Benz a un partido de Atlanta United. El deber principal de los padres es preparar a sus hijos para el cielo, haciendo todo lo posible para facilitar su desarrollo espiritual. Se da tanto énfasis a otras dimensiones, que en sí mismas no son malas, pero si no se alimenta el alma de un niño, todo lo demás habrá sido en vano. Una base religiosa firme en la vida de un niño lo asistirá a navegar a través de su vida en la tierra y hacia la vida eterna.

Fotografia es del dia de mi bautismo, 1982.


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