Paz en la Tormenta: Una Carta a las Familias que Enfrentan la Crisis del Coronavirus

Paz en la Tormenta: Una Carta a las Familias que Enfrentan la Crisis del Coronavirus April 2, 2020

 

“Pero cuando les escribí esa carta, me sentía tan preocupado y afligido que hasta lloraba. Sin embargo, no la escribí para causarles tristeza, sino para que vieran el amor tan grande que les tengo”.

(2 Corintios 2:4)

 

Mientras escribo esta carta con la ayuda de mi esposa e hijos, no puedo evitar pensar en la “carta de lágrimas” de San Pablo a los corintios. El gran predicador y misionero de la iglesia primitiva se entristeció al ver los muchos desafíos que enfrentaba la gente de Corinto. Muchos de estos desafíos estaban asociados con su fe. Sin embargo, él estaba allí para alentarlos. Aunque las circunstancias son muy diferentes, millones de familias cristianas actualmente están experimentando varias pruebas gracias a la pandemia del COVID-19. Nuestra fe está siendo probada. Como padres, tratamos de hacer todo lo posible para guiar a nuestros hijos a través de este nuevo estilo de vida para que puedan sentirse seguros y esperanzados. Hacemos esto “con muchas lágrimas” debido al “amor tan grande” que tenemos por nuestros hijos, incluso cuando enfrentamos nuestros propios miedos y preocupaciones.

Las palabras de San Pablo resuenan mucho con nosotros en este momento. Como familia, hemos estado dirigiendo retiros, talleres y servicios de oración para otras familias. Hacemos esto, no porque tenemos todo resuelto, sino porque creemos que Dios está llamando a la iglesia doméstica a salir y predicar la Buena Nueva de Jesús con palabras y hechos. Pero hoy, incapaces de salir y difundir el Evangelio, nos unimos al resto de las familias en nuestra Diócesis, el Área de la Bahía y otras partes del mundo que están en cuarentena, en su angustia e incertidumbre, y hacemos todo lo posible para evitar que se propague el nuevo coronavirus. Tengan en cuenta que a pesar de que escribimos este artículo para alentar a otras familias, nosotros mismos somos novatos en esta experiencia sin precedentes. Escribimos esto “con muchas lágrimas” pero con la esperanza de que “Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28).

¿Ahora qué?

Estamos viviendo en una situación surrealista. Las escuelas han cerrado. Las Misas han sido suspendidas. Millones de personas han recibido la orden de quedarse en casa durante al menos las próximas semanas. Los padres de familia han acudido en masa a los supermercados para asegurarse de que tengan lo que necesitan durante la cuarentena. Algunos niños están entusiasmados por quedarse en casa, mientras que otros están ansiosos; y muchas familias se preguntan cómo sobrevivirán durante este momento difícil.

Como padres de seis hijos, cuatro de ellos en edad escolar, mi esposa y yo los entendemos totalmente. Nosotros también estamos tratando de ver cómo le vamos a hacer. En este momento de incertidumbre y ansiedad, me gustaría compartir algunos consejos y recordatorios que nos ayudan a encontrar la paz en la tormenta y al mismo tiempo hacemos un bien para nosotros y para los demás:

Es normal sentirse estresado. Créeme, ¡nosotros también nos estresamos! Un niño comienza a gritar, otro se queja, el bebé se quita el pañal y comienza a correr por la casa, luego otro se cae y comienza a llorar. La conclusión es esta: date permiso para sentirte estresado.

Deja que tus pruebas conduzcan a la virtud. No eres un mal padre / madre por perder la paciencia con tus hijos de vez en cuando. Cuando hacemos esto, obviamente nos sentimos mal. Es normal. Una pequeña dosis de “culpa sana” nos ayuda a trabajar en aquellas áreas de nuestro carácter que necesitan mejorar. Siempre hay lugar para mejorar, ¿verdad? Las Escrituras nos invitan a purificar nuestro carácter y la autenticidad de la fe a través de las diferentes pruebas que experimentamos, así como el oro es refinado por el fuego: “Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca” (1 Pedro 1: 7). Pidámosle a Dios que nos moldee en la persona que Él quiere que seamos. Después de todo, “somos el barro, y Él es nuestro Alfarero; todos somos obra de su mano” (Isaías 64: 8).

Ser disciplinado. Nuestros niños están acostumbrados a rutinas y horarios apretados. Tienen diferentes oportunidades para practicar disciplina en la escuela. Recuerda: ¡tus hijos no están de vacaciones! Si estás casado, siéntate con tu cónyuge y propon un horario diario. Intenta cumplirlo tanto como puedas. Si no pudiste mantener tu horario hoy, intenta nuevamente mañana. ¡No te rindas!

Sé paciente contigo mismo y con tus hijos. Aunque ser disciplinado es necesario para crecer en virtud, ¡no te preocupes si no salió todo como lo tenías planeado! Puedes preguntarte: “¿No es esto contradictorio?” Pues sí y no. Es la paradoja del ser padres. Sí, debemos hacer lo mejor que podamos, pero recuerda: no somos “superhumanos” viviendo en un mundo perfecto. Surgirán cosas que destruirán por completo nuestro día perfectamente planificado. Está bien. Simplemente respira profundamente, pídele a Dios que te ayude y continúa con el resto de tu día. Además, no es culpa de nuestros hijos que nada de esto esté sucediendo. Algunos niños tienen miedo. Otros no están seguros de lo que está pasando. Seamos pacientes con ellos. Si pierdes la paciencia con ellos, se paciente contigo mismo. Mañana será mejor.

Prepárate y sea creativo con el trabajo escolar de tu hijo. Créeme, ¡lo que queremos hacer la mayor parte del tiempo es terminar con las tareas del día de una buena vez! Irónicamente, cuanto menos esfuerzo pongamos en la actividad o tarea de nuestros hijos, más agotador será. Cuanto más creativos seamos, más rápido pasa el tiempo y nuestro tiempo juntos se vuelve más agradable. Al menos esa es nuestra experiencia. Encuentra algo de tiempo para planificar, prepararte y buscar formas creativas para ayudar a tu hijo a completar su trabajo escolar.

Menos tiempo en la pantalla; más oración, lectura y ejercicio. Humildemente imploro a los padres que limiten significativamente el tiempo de pantalla de sus hijos durante la cuarentena. La mayoría de los niños de hoy necesitan sus iPads o computadoras portátiles para completar sus tareas de clase. Pero ¿por qué no intentamos limitar la cantidad de tiempo que miran televisión, juegan o pasan tiempo en sus plataformas de redes sociales? Además de hacer el trabajo escolar en un dispositivo, nuestros niños solo pueden jugar videojuegos durante las largas vacaciones escolares. La razón por la que no queremos que se sumerjan en el mundo de la electrónica es porque muchos estudios han revelado que pasar demasiado tiempo frente a una pantalla no es saludable. Si deseas obtener más información sobre esto durante la cuarentena, leer este artículo. Este tiempo de cuarentena puede ser un momento para que las familias se reúnan para orar y leer libros que edifican. Reúnanse dos o tres veces al día para orar y elijan un buen libro para leer (la Biblia, la vida de los santos, etc.), ya sea individualmente o en familia.

Somos los principales catequistas de nuestros hijos. Recuerda que nosotros, como padres, somos los principales educadores de la fe de nuestros hijos. Esto es lo que el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) establece sobre esta tarea fundamental:

“Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. La familia es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones “materiales e instintivas a las interiores y espirituales”. Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos” (CIC 2223).

“Por la gracia del sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos en los misterios de la fe, de los que ellos son para sus hijos los “primeros […] heraldos de la fe” (LG 11). Desde su más tierna infancia, deben asociarlos a la vida de la Iglesia. La forma de vida en la familia puede alimentar las disposiciones afectivas que, durante toda la vida, serán auténticos cimientos y apoyos de una fe viva” (CIC 2225).

“La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la más tierna infancia. Esta educación se hace ya cuando los miembros de la familia se ayudan a crecer en la fe mediante el testimonio de una vida cristiana de acuerdo con el Evangelio. La catequesis familiar precede, acompaña y enriquece las otras formas de enseñanza de la fe. Los padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación de hijos de Dios (cf LG 11). La parroquia es la comunidad eucarística y el corazón de la vida litúrgica de las familias cristianas; es un lugar privilegiado para la catequesis de los niños y de los padres” (CIC 2226).

 

Las familias que comen juntas son más fuertes y más íntimas. La pandemia del coronavirus puso en cuarentena a millones de personas. Este puede ser un momento aterrador para muchas familias. Sin embargo, también tenemos una gran oportunidad para conectarnos más con nuestros seres queridos. Uno de los mejores lugares para hacer esto es en el comedor. Siempre hemos creído firmemente que los miembros de familia aprenden mucho unos de otros y crecen en su amor por Dios cuando comparten los sagrados alimentos. ¿Conocemos la película, el color, la comida, el postre, la canción favorita de nuestros hijos? Para algunos de nosotros, ha pasado mucho tiempo desde que tuvimos estas conversaciones simples pero profundas con nuestros seres queridos. ¡Este es un momento perfecto para tener conversaciones increíbles y profundas con nuestros hijos! Cuanto más nos unamos como familia a la hora de la comida, más fuertes e íntimos serán nuestros lazos.

Si están casados, propónganse tener citas. Lo entendemos. Muchas parejas realmente no están pensando en tener una cita romántica en este momento; ¡están tratando de descubrir cómo van a sobrevivir estas próximas semanas! Para cuando los niños se acuestan, los padres generalmente estamos exhaustos y listos para acostarnos. Sin embargo, mantener nuestro matrimonio debería ser una de nuestras principales prioridades durante este momento de dificultad porque cuanto más saludable sea la relación, más feliz será la pareja de trabajar juntos como equipo. Estamos enviando a nuestros hijos a dormir a las 8:00 p.m. a más tardar para tener algo de tiempo para hablar sobre cómo fue nuestro día. Si tenemos la energía, hacemos algo divertido o entretenido que despejará nuestras mentes y que nos preparará para el ajetreo de mañana.

La santidad es nuestra meta, no la perfección. No podemos enfatizar esto lo suficiente: ten paciencia contigo mismo, tu cónyuge y tus hijos. Dios es paciente con nosotros; nosotros deberíamos hacer lo mismo. Todos nos equivocamos. Es normal. La perfección es el pensamiento que de alguna manera podemos aprender a hacer y decir lo correcto cada vez. Pero, debido a nuestra naturaleza caída, eventualmente cometeremos errores. La santidad, por otro lado, se puede lograr solo con la gracia de Dios. Si se lo pedimos, lo recibiremos. La santidad se inicia en el bautismo y crece en nosotros a medida que nos arraigamos más en Cristo a través de la oración, los sacramentos y las buenas obras. La base de la santidad es el amor, y el amor se encuentra en el hogar con nuestras familias.

“Un santo es un pecador que sigue intentando” (San Josemaría Escrivá).

Practica el perdón en familia. Cuando pasamos tanto tiempo adentro, es probable que en algún momento nos sintamos frustrados o molestos con alguno de nuestros familiares. Nuestro hogar debe ser una escuela de misericordia, amor y perdón (ver Mt. 18: 21-22). Para experimentar el verdadero amor, debemos aceptar el regalo de la salvación de Dios en la persona de Su Amado Hijo Jesús, quien murió por nosotros en la cruz. Así como Jesús nos perdonó y murió por nosotros, también debemos perdonarnos unos a otros y morir a nuestro egoísmo. Podemos practicar esto todos los días y, como regla de oro, nunca debemos acostarnos antes de reconciliarnos unos con otros (ver Ef. 4:26).

 “Todos y cada uno deben otorgarse generosamente y sin cansarse el mutuo perdón exigido por las ofensas, las querellas, las injusticias y las omisiones. El afecto mutuo lo sugiere. La caridad de Cristo lo exige (cf Mt 18, 21-22; Lc 17, 4)” (CIC 2227).

Manténganse conectados con sus parroquias. Hay diferentes maneras de mantenerse conectado con sus parroquias y comunidad. Aquí hay algunos:

  • Hagan clic en “me gusta” y sigan las plataformas de redes sociales de su parroquia y diócesis.
  • Compartan información vital y recursos de oración en sus redes sociales.
  • Averigüen si sus parroquias tienen actualmente una lista de correo electrónico, un grupo de WhatsApp, Flock Notes o cualquier otra plataforma de comunicación donde puedan recibir actualizaciones, compartir recursos y, lo más importante, orar por las necesidades de los demás.

Continúen dando a su parroquia y diócesis. Aunque los empleados no esenciales están siendo enviados a casa y las parroquias y las oficinas de la Cancillería están cerradas, los miembros del personal de la Iglesia deben realizar mucho trabajo y las facturas deben pagarse. La única forma en que su parroquia sobrevivirá a esta crisis es con nuestro apoyo espiritual y financiero. Si fuiste despedido o no se te pagará durante este tiempo y simplemente no puedes apoyar financieramente a tu parroquia, ¡no te preocupes! Tu pastor entiende completamente. Pero si puedes seguir dando, hazlo. Si recibes sobres, continúa enviando tus cheques por correo. Si haces tú ofrenda en línea, continúa haciéndolo. Llama a tu parroquia y pregunta cuáles son sus necesidades financieras en este momento.

Muchas de nuestras parroquias están en primera línea ayudando a los ancianos y los enfermos con sus medicamentos, proporcionando alimentos y ropa para las personas sin hogar y ayudando a familias con bajos ingresos de diferentes maneras. Además, no olvides dar a la Apelación Diocesana Anual (ADA). Muchas familias dependen de esta contribución. Se un héroe para tu diócesis y parroquia: no permitas que la presencia de la Iglesia disminuya debido a la falta de recursos financieros. ¡Necesitamos la presencia de la Iglesia hoy más que nunca! Nuestras parroquias nos necesitan ya que somos la Iglesia. Recuerda que Nuestro Señor Jesús dijo que hay más gozo en dar que en recibir (cf. Hch. 20:35).

Recuerden a sus sacerdotes y otros ministros de la Iglesia. Mientras nos quedamos en casa por razones de seguridad, muchos de nuestros sacerdotes arriesgan sus vidas. Todos los días celebran el sacrificio de la Santa Misa por todos sus feligreses y rezan por todos nosotros. Cada sacerdote hará frente a esta crisis de manera diferente. Algunos de ellos pueden estar experimentando depresión o ansiedad. Recordemos orar por el Papa Francisco, nuestros obispos y nuestros sacerdotes. ¡Necesitan nuestras oraciones ahora más que nunca!

Concluyo con estas palabras alentadoras de San Pablo:

 

“Pero esta riqueza la tenemos en nuestro cuerpo, que es como una olla de barro, para mostrar que ese poder tan grande viene de Dios y no de nosotros. Así, aunque llenos de problemas, no estamos sin salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos persiguen, pero no estamos abandonados; nos derriban, pero no nos destruyen. Dondequiera que vamos, llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se muestre en nosotros. Pues nosotros, mientras vivimos, nos vemos expuestos a la muerte por causa de Jesús, para que también su vida se muestre en nuestro cuerpo mortal”.

(2 Corintios 4: 7-11)


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