Una lección del Presidente Carter

Una lección del Presidente Carter October 13, 2019

El presidente Jimmy Carter inició su estudio bíblico pidiendo a los presentes que levantaran la mano apenas entendieran el tema principal del pasaje bíblico que estaba a punto de leer. Comenzó: “amados, amémonos los unos a otros, porque el amor es de Dios”. El presidente alzó la vista al mismo tiempo que sus labios se estiraron formando una sonrisa agradable, sus ojos brillaron un poco mientras miraba a la congregación. Observó unas cuantas manos arriba en el aire. Continuó, “todos los que aman son engendrados por Dios y conocen a Dios. Quien no tiene amor no conoce a Dios, porque Dios es amor”. Al concluir, la mayoría de las manos estaban arriba. Reconoció con un movimiento de su cabeza a uno de los fieles y su respuesta fue fuerte y clara, “el amor”. Carter preguntó qué debemos hacer para recibir el amor de Dios. Se rió entre dientes cuando casi todos respondieron “amar a los demás”. Corrigió a la congregación con una voz amable y relajada, “nada, porque Dios nos amó primero”.

Después del estudio bíblico, el Obispo Hartmayer y yo permanecimos para el servicio dominical de la Iglesia Bautista Maranatha en Plains, Georgia, presidido por el Pastor Tony Lowden. Este predicó sobre el amor que Dios nos demuestra continuamente a pesar de nuestras frecuentes indiferencias. Señaló la vida del profeta Oseas a quien Dios pidió que se casara con Gomer, una prostituta. El Pastor explicó que el dolor que Oseas sentía cada vez que su esposa le era infiel ni siquiera se acerca al dolor que le causamos a Dios cuando rechazamos su amor.

El presidente Carter preguntó: “¿Hay alguien en tu vida quien odias o no te gusta?” Levantó la mano un poco para dejarnos saber que no era una pregunta retórica. Varias manos se levantaron. Luego continuó, “¿y quién querría reconciliarse con esa persona?” La mayoría de las manos permanecieron alzadas. Carter siguió con unas palabras breves que nos hicieron reír, “bueno, háganlo”. Después de una pausa prolongada sugirió, “invítelos a tomar un café y reconcíliense”. El presidente compartió cómo después de muchos años buscó a la persona que tomó su informe preparatorio para el debate presidencial de 1980, hecho que dio una clara ventaja a Ronald Regan en el debate. Se reconciliaron muchos años después del incidente. En su avanzada edad, fragilidad y disposición pacífica, el presidente Carter confesó que cree que no hay nadie con quien necesita reconciliarse. En ese mismo momento la reconciliación me pareció tan fácil de lograr.

Mientras me preparaba con Monseñor Hartmayer para celebrar la misa más tarde ese mismo día, me sorprendió fuertemente ver la puerta trasera de la iglesia abrirse y ver entrar al presidente Carter con una tremenda alegre sonrisa en su rostro. “Buenas tardes”, me dijo mientras estrechó su mano y yo respondí, “buenas tardes, señor Presidente”. Aunque había un agente del servicio secreto detrás de él, me llamó la atención su presencia modesta y agradable. Recordé que es posible tener desacuerdos o encontrones con otros, pero sobre todo se encuentra la caridad y la reconciliación. La división y la amargura nunca conducen a la conversión de corazones, pero más bien el amor, la bondad y la gentileza sí lo hacen. Dios nos ha amado primero, entonces, ¿qué derecho tengo yo de no amar primero a los demás?

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