Habla la Esposa del Rev. Nelson Rabell: El Año del Dolor

Habla la Esposa del Rev. Nelson Rabell: El Año del Dolor January 17, 2022

¿Cómo es ser la esposa de un pastor sujeto a acusaciones infundadas de mala conducta? En este artículo, la esposa del Rev. Nelson comparte su historia.

 La Dra. Fabiola B. Ramos DMD, MPH y su familia han sufrido un trauma emocional, espiritual y mental desde que su esposo, el reverendo Nelson Rabell González, se enteró de que se habían presentado acusaciones en su contra el año pasado.

Rev. Nelson Rabell Gonzalez and Dr. Fabiola Ramos

 Es importante tener en cuenta que nunca se presentaron cargos formales contra su esposo. Tampoco se han investigado oficialmente las denuncias. Pero han resultado en una serie de eventos que llevaron al Sínodo Sierra Pacific de la ELCA y a el/le obispo/e Megan Rohrer a poner fin a la llamada del pastor Nelson en la Misión Latina Luterana en Stockton, California, el 12 de diciembre de 2021.

Para conocer el trasfondo de esta historia, puede leer la serie de 5 partes sobre la saga del reverendo Nelson.

Primera parte: La Expulsión del Rev. Rabell-González: ELCA Corrupción y el Racismo

Segunda parte: ELCA Despidió a un Denunciante, Rev. Nelson Rabell-González

Tercera parte: El Día Sínodo de ELCA ‘Desapareció’ al Pastor Nelson

Cuarta parte: El NDA, la Iglesia y el Intento de Silenciar Rev. Nelson Rabell-González

Quinta parte: Por qué la ELCA Necesita Investigar el Caso del Rev. Nelson Rabell-González 

 Lo que sigue es la historia de la Dra. Ramos en sus propias palabras.

Este ha sido un año de dolor insoportable, lento y desgarrador.

Comenzó en febrero de 2021 cuando se le pidió a mi esposo, el reverendo Nelson Rabell-González, que renunciara a su puesto como pastor asociado de la Iglesia Luterana St. Paul en Lodi, California. Peor aún, querían que firmara un acuerdo de confidencialidad. Solo tres años antes, St. Paul había llamado a mi esposo para desarrollar un ministerio en español aquí en el Valle Central. Los cuatro, Nelson, nuestros dos hijos adultos jóvenes, y yo nos mudamos aquí creyendo en la promesa de que tendría apoyo para el trabajo que querían que hiciera.

Pero ahí estaba sentado mi esposo en una reunión de Zoom con el “Acuerdo de Separación” que intentaba comprar su silencio con dos meses de salario.

¿Cómo llegamos a este punto?

El Valle Central de San Joaquín es un lugar donde inmigrantes, migrantes e indocumentados trabajan en conglomerados agrícolas en toda la región. Son explotados y viven con el miedo constante a la deportación, la brutalidad policial y la pandemia de Covid-19. Mi esposo ha trabajado para abogar por sus derechos, asegurarles PPE (equipo de protección personal) y vacunarlos, y proporcionar una comunidad de adoración que honre su herencia, idioma y cultura.

Nuestra familia se regocijó por la forma en que el ministerio creció durante esos tres años. Pensamos que St. Paul también estaba celebrando. En cambio, las voces se quejaban contra él. En la reunión, los líderes le dijeron a mi esposo que la gente se estaba yendo de la iglesia porque él era muy franco en contra del racismo en la comunidad. Afirmaron que había gente clave en la iglesia que estaban reteniendo sus ofrendas, su dinero. A menos que renuncie, le dijeron, el presupuesto se quedaría corto por $30,000. Eso se parecía mucho a Judas y las 30 piezas de plata, si me preguntas. Era como una extorsión racista.

Su plan era sacarnos por la puerta trasera.

Lo que hizo esto aún más doloroso fue que había personas en esta reunión en las que confiábamos. Se habían proyectado como gente a la cual le importaba y amaba nuestra familia. ¿Por qué nos estaban traicionando? ¿Cómo es posible que estas personas en las que confiamos nos abandonen y dejen a nuestra familia vulnerable de tantas maneras?

El momento no podría haber sido peor. Era el mes en que nuestro contrato de arrendamiento estaba por renovarse. Nuestros hijos estaban inscritos en el programa universitario gratuito de California. ¿Tendríamos que mudarnos fuera del estado y perder ese beneficio para ellos? También me obligó a iniciar un arduo proceso de renovación de credenciales para mi licencia profesional en caso de que tuviera que abandonar el estado. Y, por supuesto, esta renuncia forzada dejaría a nuestra familia con solo la mitad de nuestros ingresos en un estado con un costo de vida tan alto.

Un fugaz rayo de Esperanza

Estaba tan orgullosa de mi esposo por negarse a firmar el NDA. Mantuvo su dignidad y su integridad. Y soltamos un suspiro colectivo de alivio cuando el sínodo hizo un llamado a mi esposo en marzo para liderar el comienzo de una nueva misión, Misión Latina Luterana. Tuvo la oportunidad de comenzar de nuevo, esta vez estableciendo un nuevo ministerio español. Debido a que estaba en la cercana ciudad de Stockton, entonces no tendríamos que mudarnos. También, una colaboración con la Iglesia Episcopal estaba en el horizonte. Pensamos que entrar en esta nueva etapa significaría que podríamos continuar con nuestras vidas.

Pero un dolor aún peor estaba a punto de desatarse sobre nosotros. Apenas dos meses después de que mi esposo comenzara en Misión Latina, se enteró de una vaga acusación envuelta en secreto hecha por alguien de su antigua iglesia, St. Paul. Se enteró de esto justo cuando preparaba su discurso como candidato a obispo en la Asamblea del Sínodo. Mi esposo se vio obligado a revelar un rumor, una acusación en su contra, presentada unos días antes de unas elecciones y que no se investigó en absoluto. Es más, desde entonces hemos sabido que la persona que lo acusa ha estado calumniándolo a sus espaldas, tanto antes como después de estas acusaciones. (Y, sí, tenemos evidencia para corroborar esto).

Mi esposo se mantuvo valiente bajo el dolor.

Pero nuestros hijos han sufrido inmensamente por esta terrible experiencia.

Vieron a la acusadora revelarse en un discurso en la Asamblea. Esta era una persona a la que consideraban un mentor para ellos y sus compañeros en el grupo de jóvenes. Y ahora aquí estaba acusando públicamente a su padre de algo completamente incongruente con la persona que saben que es su padre.

Estaba claro que la Iglesia del NDA no nos iba a dejar seguir adelante.

En los últimos meses, se nos ha hecho dolorosamente evidente que la iglesia institucional, el sínodo y la oficina nacional están plagados de una red de políticas —o la falta de ellas— que pueden usarse y se usan sistemáticamente contra las personas de color. El obispo saliente retrasó el proceso para investigar a mi esposo. El obispo incluso se fue de vacaciones, dejándolo en el limbo. Todo lo que hizo antes de dejar el cargo fue organizar una reunión de un comité asesor donde le ordenaron a mi esposo que no presentara pruebas. Esperábamos que el obispo iniciara un proceso de investigación formal antes de jubilarse, pero no lo hizo.

De nuevo, esperamos.

Fue extremadamente estresante saber que pendíamos económicamente de un hilo mientras el proceso se retrasaba durante la transición al nuevo obispo. La ansiedad era alta en el hogar Rabell-Ramos. Ninguno de los obispos nos asignó acompañamiento pastoral en el proceso, como es el procedimiento estándar, y lo que haría un obispo sabio y compasivo. En cambio, la denominación de la que cada uno de nosotros ha sido parte desde la infancia nos dejó a nuestra suerte. Fuimos abandonados por la iglesia que amamos.

Luego, en lugar de ofrecer el debido proceso y la oportunidad de presentar evidencia que limpiaría su nombre pisoteado, el nuevo obispo le ofreció a mi esposo una especie de “tregua.” Pero esa tregua vino con un requisito de terapia psicológica si quería seguir pastoreando Misión Latina.

“¿Terapia para qué?” pregunté. Dado que nunca se presentó una acusación formal y nunca se le dio la oportunidad de limpiar su nombre, esto sonaba como una admisión de culpabilidad. Fue doloroso presenciar cómo este abuso sinodal e institucional había quebrado a mi esposo hasta el punto de estar dispuesto a aceptar este requisito. Se le aseguró verbalmente que la terapia de ninguna manera significaría que era culpable de nada.

Pero eso resultó ser una mentira.

Imagine a un obispo insistiendo repetidamente en que debe tener acceso y control total sobre el plan de terapia de salud mental y los expedientes personales de un pastor. Entonces imagine darse cuenta de que un obispo podría usar esa información en contra del pastor, incluso uno que estaba dirigiendo una congregación que obviamente es próspera y saludable.

Imagínenme, con los ojos llorosos, rogándole al obispo que investigue, solo para ser menospeciada con una “corrección” condescendiente de que yo había usado incorrectamente el término ‘acuerdo de no divulgación’ para describir el documento que St. Paul quería que firmara mi esposo. Que, por supuesto, es exactamente lo que era. (Lea sobre el NDA aquí.).

Lo siento, demasiado tarde

Ojalá la asistente del obispo, que estaba presente en esa reunión, se hubiera dado cuenta entonces de lo que parece haberse dado cuenta después. (Vea esta publicación.) En los eventos que ocurrieron en la misa de la Virgen de Guadalupe de la Misión Latina Luterana el 12 de diciembre, ella y todos nosotros vimos un racismo flagrante en plena exhibición. Ese es el día que despidieron a mi esposo de su llamada. Ese es el día en que se apoderaron del servicio de adoración. Y ese es el día en que perdieron la confianza de la gente. (Lea esta publicación para obtener una descripción completa de lo que sucedió ese día).

El racismo sistémico es real. La comunidad Latinx y otras comunidades de color son ignoradas, descartadas, silenciadas y eliminadas con facilidad. No es de extrañar que la ELCA siga siendo 97 % blanca.

Nelson and Fabiola at the Lodi Pride Fest

Ha sido extremadamente doloroso ser ignorados por la ELCA y saber que algunas personas piensan lo peor de mi esposo sin evidencia alguna. Han tratado de manchar el buen nombre del hombre al que llamo esposo y nuestros hijos llaman padre. Este es un hombre que no tiene antecedentes de mala conducta y ha sido ético y recto durante todo su ministerio.

Afortunadamente, muchos de nuestros amigos y colegas de mi esposo han respondido públicamente por él. Pero, ¿qué se supone que debemos hacer cuando dos obispos en el Sínodo Sierra Pacific, el Consejo del Sínodo y la propia Obispa Presidenta continúan negándole el debido proceso? ¿Qué se supone que debemos hacer cuando el Consejo del Sínodo decide el destino de mi esposo — y dos personas en el Consejo son la acusadora de mi esposo y el hijo del pastor de la iglesia que le ofreció el NDA?

Desde mi perspectiva, estas acusaciones son sobre celos y represalias.

La reputación de un hombre ha sido arruinada, su ministerio destruido, su congregación dispersada y su familia devastada. Peor aún, la comunidad tuvo que pagar el precio. Perdieron un pastor, un líder, alguien que se preocupa por ellos y los ayudó a reclamar su propia voz y poder. Eran una congregación que había ido creciendo contra viento y marea. Pero la estructura de poder blanco de la iglesia creía que valía la pena sacrificar a su comunidad de adoradores por la necesidad de venganza de una persona. Y por el miedo de otra persona a que la verdad salga a la luz.

Y, sin embargo, todo lo que sucede ahora son interminables debates en las redes sociales. ¿Dónde está la justicia?

En la mañana del 12 de diciembre asistí al servicio sabiendo que mi esposo había sido destituido de su cargo. Los miembros de esa hermosa comunidad me abrazaron y lloraron conmigo. Me dieron consuelo mientras aún estaba procesando la mirada de dolor en el rostro de mi hija esa mañana. Mi hija ya sufre de ansiedad severa. Cuando mis hijos me preguntaron si su padre había sido despedido esa mañana, me sentí devastada sabiendo el efecto que tendría sobre ellos la noticia.

Me alegra que algunas personas dentro del sínodo y la ELCA ahora estén hablando públicamente sobre cómo las personas de color son ignoradas y silenciadas. Pero somos solo una familia entre muchas que han sido expulsadas por un sínodo y una denominación que ha afirmado públicamente que está trabajando para ser más inclusiva y diversa. Esas palabras suenan huecas cuando las acciones revelan el sesgo implícito dentro del sistema.

Por ejemplo, ¿por qué no se aplicó igualmente el requisito de que los candidatos a obispos hagan divulgación de denuncias contra ellos? ¿Especialmente a la persona que finalmente fue elegido obispo? Ese candidato estuvo involucrado en una demanda real contra ellos. Estas no fueron solo acusaciones; hay un caso judicial. ¿Por qué mi esposo se vio obligado a responder a acusaciones sin fundamento, pero este candidato no fue obligado a revelar esta demanda?

La hipocresía y el doble estándar de la ELCA contra el clero y las congregaciones de color son implacables.

Creo que la verdad eventualmente saldrá a la luz. Pero eso no borrará el dolor que hemos soportado. ¿Cuánto tiempo más, Señor? ¿Y cómo sanaremos?


La historia de la Dra. Ramos nos recuerda que las acusaciones de mala conducta sin fundamento no solo afectan al acusado. El daño colateral afecta al cónyuge, los hijos y la familia extendida del pastor Nelson. Ese daño se extiende cual onda expansiva a sus amigos, su congregación, sus colegas pastorales y las comunidades a las que ha servido fielmente.

El primer paso para detener esas oleadas de dolor es realizar una investigación completa del caso del reverendo Nelson para que se puedan presentar pruebas y sacar a la luz la verdad.

¿Como puedes ayudar?

 Los organizadores que apoyan al pastor Nelson Rabell-González han pedido que las personas se comuniquen con la Oficina Nacional (Churchwide) de la ELCA (1-800-638-3522; Bishop.Eaton@elca.org) y soliciten lo siguiente:

  1. Llevar a cabo una investigación completa e independiente de los cargos contra el Rev. Nelson Rabell-González, así como las acciones del Sínodo Sierra Pacific.
  2. Reinstalar al Rev. Nelson Rabell-González como pastor y desarrollador de la Misión Latina Luterana.
  3. Expedir una disculpa pública al Rev. Nelson Rabell-González, así como a la congregación y la comunidad hispana en general que han sido traumatizados por estos eventos.

Para tuitear tu apoyo, copia y pega lo siguiente:

@ELCA #InvestigateRevNelsonELCA

  1. Realizar investigación de los cargos contra el Rev. Nelson Rabell-González.
  2. Reinstalar a @boricualuterano como pastor de Misión Latina Luterana.
  3. Emitir una disculpa pública al Rev. Nelson y la comunidad hispana.

¿Quiere ver la iglesia libre de NDAs?

Visite: https://www.ndafree.org/, un movimiento global con la visión de ver a las personas, las organizaciones cristianas y las iglesias locales libres del uso indebido de los acuerdos de confidencialidad.


The Rev. Dr. Leah D. Schade is the Associate Professor of Preaching and Worship at Lexington Theological Seminary in Kentucky and ordained in the ELCA. Dr. Schade does not speak for LTS or the ELCA; her opinions are her own.  She is the author of Preaching in the Purple Zone: Ministry in the Red-Blue Divide (Rowman & Littlefield, 2019) and Creation-Crisis Preaching: Ecology, Theology, and the Pulpit (Chalice Press, 2015). She is the co-editor of Rooted and Rising: Voices of Courage in a Time of Climate Crisis (Rowman & Littlefield, 2019).  Her latest book, co-written with Jerry Sumney is Apocalypse When?: A Guide to Interpreting and Preaching Apocalyptic Texts (Wipf & Stock, 2020).

Twitter@LeahSchade

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